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“El fotolibro potencia la idea fotográfica a través de los elementos del libro”

Ricardo Báez es considerado el principal exponente actual del diseño de fotolibros en Venezuela. Nos cuenta cómo se interesó por es género editorial y cuál es su proceso creativo.

Serie “Diseño de Fotolibros”. Parte 3

Ricardo Báez, nació en Caracas en 1983 y estudió diseño gráfico en Prodiseño. Durante sus años de formación, trabajó como asistente en el estudio de Álvaro Sotillo, donde selló su vocación por el diseño editorial.

Fundó el estudio de diseño Tipografía Báez® junto a su socia y esposa Andrea Gámez. A lo largo de su carrera se ha mostrado muy interesado en la cercana relación entre el diseño y la fotografía, participando en la concepción, desarrollo, edición, diseño y promoción de proyectos fotográficos en forma de libro o fotolibro, lo cual lo ha convertido en la principal referencia de la nueva generación de diseñadores de este género editorial en Venezuela.

Entre los años 2011 y 2020 ha participado en 43 impresos asociados al ambiente del fotolibro y la fotografía, entre los que se cuentan 23 fotolibros publicados, 2 libros sobre fotolibros (books-on-photobooks), 1 revista de fotolibros, 4 catálogos de fotografía y 13 fotolibros en proceso.

Báez atendió la entrevista de Diseño en Venezuela por escrito, la cual les compartimos con sus respuestas literales.

Su definición de fotolibro

He intentado crear definiciones de fotolibro tanto para mi como para compartir en talleres y charlas. Luego de que las escribo nunca me convencen y me hacen dudar mucho que yo mismo pueda tener una definición de lo que es o no el fotolibro. Pienso en este instante que prefiero que mi definición de fotolibro se exprese más a través de mi trabajo publicado y no a través de mis palabras.

Sin embargo si tuviese que elegir alguna de las definiciones que he intentado escribir, aquí hay una: El fotolibro es un tipo de libro que expresa y potencia una idea fotográfica a través de todos los elementos que conforman un libro: las imágenes, la edición (gráfica), la secuencia, el diseño gráfico-tipográfico y tridimensional, la literatura (desde un título hasta un ensayo), la impresión y la encuadernación.

Puede ser obvio que un fotolibro actúa inicialmente desde la fotografía, pero considero que el libro es el que realmente hace que exista como objeto operativo y tangible. Por eso muchas veces comento que deberíamos llamarlo LIBROFOTO, en vez que fotolibro.

Con esta respuesta también quiero aclarar un par de ideas: No quiero decir que mientras existan todos estos elementos activos en la producción de un fotolibro, sea un buen fotolibro. Lo que debería pasar es que se utilicen todos estos elementos de manera coherente y consciente. También habría que decir que no hay que utilizar todos estos elementos para llegar a la cumbre de la idea, pues hay muchos libros que carecen de la mayoría de los elementos que he nombrado como esenciales, pero que funcionan perfectamente y hasta mejor que algunos fotolibros que los tienen todo. La buena idea es la que debe guiar a la forma, sino todo lo que veremos será tan sólo un lindo traje vacío. Como ejemplo de esto, me gusta revisar todos los libros que hizo el artista norteamericano Ed Ruscha entre los años 1963 y 1978. En ellos existe la forma gracias a la idea tan potente que tuvo su autor. Esos libros definieron lo que puede ser en gran parte la fotografía contemporánea, el fotolibro y el arte conceptual en su época y hoy en día.

Cómo nació el interés por el fotolibro

Podría decir que primero me interesó la fotografía que el diseño. Mi primera relación entre fotografía y diseño la tuve siendo editor de un webzine donde trabajaba con un par de amigos y mi hermano, siendo yo el que realizaba la fotografía y los flujos de contenidos.

Luego empecé a estudiar diseño gráfico y me olvidé poco a poco de esa idea hasta que me encontré con el diseño a través de la tipografía y el diseño editorial, y más adelante me interesó la fotografía y el diseño en un mismo espacio: los fotolibros.

Desde que empecé a estudiar diseño comencé a crear una biblioteca propia de diseño venezolano para poder estudiarla cuando quisiera y poder utilizarla cuando la necesitara. En ella fui consiguiendo que mucho del diseño gráfico local se aplicaba en publicaciones de fotografía: catálogos, monografías, fotolibros, efímeros. Luego, mientras trabajaba con Álvaro Sotillo como su asistente de diseño, comencé a tener una relación más cercana con Paolo Gasparini, intercambiando publicaciones de fotografía que eran difíciles de conseguir, ya que él es un gran coleccionista de libros fotográficos, tanto venezolanos como extranjeros. A partir de esa relación, él me invitó a diseñar un catálogo para su exhibición “3Fotolibros3” (2012), que tuvo ugar en la galería Carmen Araujo Arte® y desde ahí he diseñado muchas publicaciones con él y hasta el día de hoy lo sigo haciendo.

Creo que el gusto que tengo por los fotolibros tiene que ver con mi interés en la fotografía, pero no directamente tomándola, sino transformándola o afectándola a través del diseño. Me gusta mucho la sensación y el uso que le puedo dar al diseño, pero no siempre hay temas que me motivan tanto como ha estado pasando con el libro fotográfico.

He diseñado libros para niños, libros de texto, catálogos de arte y otros géneros editoriales más, pero he sentido en los últimos años que la complicidad que se logra con un autor o varios autores en un fotolibro cada día me interesa más. También creo que me atrae por esa flexibilidad de transformación que tiene la fotografía en el medio impreso que no tienen otras expresiones visuales como la pintura, la escultura e incluso la escritura. Para mí la fotografía es tan familiar como la tipografía en el diseño, quizás por eso la siento tan cercana y atractiva.

Los mejores fotolibros diseñados y producidos en Venezuela

Para mi el gran fotolibro producido y diseñado en Venezuela es sin duda alguna Retromundo, producido en 1986 con fotografías de Paolo Gasparini, diseño editorial de Álvaro Sotillo (con asistencia de diseño de Carlos E. Rodríguez), textos de Victoria De Stefano, impresión y encuadernación de Editorial Arte (con Javier Aizpurua como director de impresión) y publicado bajo el sello editorial Alter Ego editores, grupo conformado por Gerd Leufert, Miguel Arroyo y Álvaro Sotillo.

Todos los elementos que conforman este libro son claves y lo hacen único: desde quien hace la fotografía hasta quienes lo publican. Todos sus elementos lo hacen también extremo en el género. Yo me atrevo a decir, y repetir constantemente, que Retromundo más que hablar de fotografía habla del poder del fotolibro en todo su esplendor y en su máximo volúmen, porque todos sus elementos están dirigidos hacia una misma dirección. La fotografía te habla de la artificialidad de las imágenes, entonces el diseño continúa esa idea y te habla de cómo la fotografía es reproducida en formato libro y qué implica técnicamente hacerlo. A su vez los textos te conducen a cuestionar la imagen y hasta la propia tipografía en la que está escrito el texto. El formato, los papeles y las tintas que se utilizaron comunican situaciones asociadas al tema, así que todo en este libro está conscientemente decidido para que el objeto respire su contenido-forma al unísono y el lector definitivamente pueda sentirlo.

Por supuesto que hay otros libros que considero importantes en la gran producción de fotografía impresa que tuvo Venezuela en las décadas de los 60’s, 70’s y 80’s. Sin embargo para mi Retromundo sigue siendo muy inspirador en mi trabajo actual, porque no he visto otro libro como ese hasta el día de hoy en el ambiente del fotolibro local o mundial.

El proceso de diseño para los fotolibros

Mi proceso para el diseño de fotolibros suele ser bastante lineal. Trato de tener la mayor cantidad de conversaciones con los autores para poder obtener mucha información, desde lo más superficial hasta lo esencial de la idea. Me gusta saber qué tipo de libro imagina la persona con quien trabajaré por los próximos meses o años, saber qué prejuicios tiene (que por lo general son bastantes).

A pesar de haber muchos prejuicios en el ambiente de la fotografía, me ha aliviado mucho que en los últimos años la mayoría de las personas con quien he trabajado tienen muy pocos prejuicios y confían en el trabajo que hago plenamente, siempre pensando que las decisiones que provienen del diseño son en pro de la mejor comunicación de la idea.

Luego de conversar mucho con el autor, hago un research propio, dependiendo de la complejidad del tema. Pienso que en el diseño de libros se debe investigar sobre el contenido al mismo tiempo que sobre la forma que se le dará a ese contenido, no por separado, sino como una sola investigación.

De ahí en adelante la línea comienza a ser bastante sinuosa y anacrónica, porque no siempre inicio desde un mismo punto o termino en el mismo lugar. Normalmente, cuando veo que el discurso del libro no es claro, trabajo en revisar la estructura narrativa, pero también puede pasar que aunque no esté claro, comienzo a hacer pruebas rápidas de diseño, es decir, hago páginas modelo de primeras ideas que me vienen a la cabeza una vez que comprendo de qué va el libro. Antes hacía esto con papel y lápiz, pero debido al tiempo reducido que tengo en este momento de mi vida, y a que también me costaba ver la idea en un dibujo, hago pruebas directas en el software. Esto también me ayuda a visualizar más clara la idea sin capas estéticas que distraigan.

Todas las investigaciones van arrojando imágenes inmediatamente: qué tipografía utilizar, qué formato funciona mejor, el tiempo de lectura que puede tener el libro, cuál complejidad se puede permitir tener el objeto, qué ambiente de color puede ser utilizado.

Estas decisiones, aunque parezcan técnicas, se asocian siempre a las ideas, como por ejemplo, qué tipo de encuadernación puede tener el libro, lo cual no necesariamente surge al final del proceso, sino más bien en paralelo. Creo que no hay un orden específico en cómo se va modelando el libro. A veces la idea de la portada puede aparecer al final porque ya uno sabe que le corresponde al libro, pero algunas veces imagino una portada apenas comienzo a trabajar en el tema.

Para mi el comienzo y el final del diseño son los momentos más tensos del proceso: el principio porque hay mucha incertidumbre con respecto al tema y el nuevo equipo de trabajo que estás armando, (pues no pienso jamás en que estoy trabajando con un cliente al trabajar con un fotolibro, puede ser que con otras tareas de diseño si veo clientes, pero con el fotolibro no) y el final porque si pasas de 3 a 6 meses o de 1 a 3 años trabajando sobre una misma idea, puede pasar que ya no cuentes con la objetividad necesaria como para leer lo que estás haciendo, así que ese último momento es donde se debe tener más aguante y conciencia.

Un trabajo colectivo

Creo que la relación de equipo al hacer un fotolibro es muy importante, ya que se crea una retroalimentación tremenda. Lo que para muchos diseñadores pudiera ser contraproducente en cuanto a discusiones u objeciones con el otro, para mi es completamente necesario.

Cuando la contraparte es completamente neutra (que para muchos puede ser un estado perfecto), para mi es muy incómodo y poco enriquecedor. Necesito mucho del otro para llevar la conversación hasta el final, eso quiere decir que mi proceso es bastante colectivo, más que solitario.

También, aparte de discutir mucho con el “autor fotográfico”, discuto mucho las ideas con mi socia/esposa, porque ella tiene una visión más fresca frente al trabajo y observo cosas que no puedo ver en el momento.

HAZ CLICK Y DISFRUTA: timeline de los fotolibros diseñados por Ricardo Báez.

Así que puedo afirmar que el trabajo del fotolibro es completamente colectivo, no sólo en el proceso de creación, sino también en el momento de producción, donde hay que tener mucho diálogo con el director impresor y su equipo. No pienso que sea un trabajo tan solo de la dupla fotógrafo/diseñador.

En últimos proyectos he tenido la suerte de formar parte de equipos más complejos donde entran en juego curadores y editores trabajando específicamente en cómo funciona la secuencia de las imágenes, así como equipos de retoque de imágenes que pueden definir el ambiente cromático entero del libro.

Quizás olvido partes del proceso de creación de un fotolibro, pero esencialmente puede ser algo así, porque dentro de los procesos ya establecidos van surgiendo también muchas variables con cada libro en específico y eso hace a cada libro único en su proceso y único en su resultado.

Más Info

tipografiabaez.com
Instagram: @ricardoantoniobaez

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