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Miguel Arroyo, pionero del diseño de mobiliario moderno venezolano

El aporte de Miguel Arroyo a la cultura venezolana fue vasto. Fue un hombre multidisciplinario, que entre otros oficios, se dedicó al diseño de muebles.

Los años cincuenta del siglo XX quedaron inscritos en Venezuela como sinónimo de progreso material y renovación. La arquitectura y los muebles de líneas simples y geométricas evidenciaron el estilo de vida de un país que pasaba sin pudor de lo rural a lo urbano. 

Lampolux, Decodibo, la Galería Hatch y Capuy fueron las tiendas que introdujeron el mobiliario moderno –principalmente de origen escandinavo- en Venezuela.

El primero en asumir el diseño de mobiliario moderno en estas tierras fue Miguel Arroyo, recordado por su gestión como director del Museo de Bellas Artes, así como por su trayectoria en la cerámica, investigación y docencia de las artes.

Acercamiento al diseño

Miguel Arroyo mostró desde muy joven su vocación. En 1939 viajó para los Estados Unidos, como asistente del pintor Luis Alfredo López Méndez, quien fue comisionado para realizar los murales del Pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Nueva York, cuyo eje temático era “el futuro”. Allá entabló amistad con el arquitecto Gordon Bunshaft, quien lo introdujo a la “modernidad”. 

Tiempo más tarde, en 1946, Arroyo ganó una beca del Ministerio Nacional de Educación para estudiar en el Carnegie Institute Technology de Pittsburgh, donde se aproximó a las artes aplicadas.

En una visita a su casa (en el 2005), mientras realizaba con Susana Benko la investigación sobre el diseño nacional para la Mega Exposición I, don Miguel mencionó esta experiencia, señalando divertido que en Pittsburgh se dió cuenta que no sabía ni recortar papel con una tijera, y allá aprendió a hacerlo.

En 1949 abrió junto a dos socios la tienda Gato, pionera en comercializar objetos ornamentales y de “diseño”. El local ocupaba una casa en la avenida Los Jabillos de Sabana Grande. Arroyo produjo cerámicas, esmaltes y muebles de corte moderno para esta iniciativa. 

En la década del 50’ se adhirió al grupo de vanguardia artística Los Disidentes, desde el que se manifestó en torno al rol que debería cumplir el diseño en la sociedad venezolana. 

Para Arroyo, los abstraccionistas se preocupaban “por la arquitectura, por el diseño industrial, por las artesanías, e imaginan un estado de integración de las artes según el cual éstas estén presentes no sólo en el gran mural o en la policromía de los edificios, sino también en el diseño y selección de los materiales y color de objetos tan comunes como puede serlo una cacerola”.

Don Miguel también se dedicó a la diagramación de la revista Cruz del Sur, en los años cincuenta . Otra labor ligada al diseño emprendida por Arroyo fue la museografía, la cual ejecutó con éxito desde su gestión como director del Museo de Bellas Artes.

 

Muebles para la modernidad venezolana

La arquitectura moderna tuvo auge en la Caracas de los cincuenta, teniendo como máximo ejemplos la Ciudad Universitaria proyectada por Carlos Raúl Villanueva y la urbanización Bello Monte promovida por Inocente Palacios. Sin embargo, fueron escasos los muebles de corte moderno concebidos en nuestro país.

En Latinoamérica la estética modernista en el mobiliario se expresó en la introducción de aspectos locales, la identidad cultural, las razones físico-ambientales y en el rescate de las tradiciones artesanales. El resultado generalmente fue el contraste entre lo nuevo y lo antiguo.

En un artículo escrito para la Revista A en 1954, titulado “Muebles modernos para una casa colonial”, Arroyo rindió testimonio sobre su proceso creativo para el amoblamiento de la casa de playa de Alfredo Boulton en Pampatar, estado Nueva Esparta.

Para acometer este encargo, Arroyo emprendió una investigación sobre nuestro mobiliario colonial, que se inició con la observación minuciosa de ejemplares expuestos en la Quinta de Anauco. 

Concluyó que sus principales características eran la sobriedad, el material (madera), la predilección por el uso de líneas curvas y el alarde de técnica artesanal. 

Esa información fue la base para diseñar el juego de comedor, un armario, los asientos para el salón de estar y los cuartos, los cuales exhiben formalmente una auténtica integración de la estética colonial con el lenguaje modernista. Varios de estos objetos estuvieron en la exposición Interior moderno, montada en la Sala Trasnocho Arte Contacto en el año 2005.

Entre 1950 y 1959 Miguel Arroyo diseñó más de cien muebles por encargo, tanto para particulares como para empresas. Mostró predilección por las maderas autóctonas, trabajadas magistralmente por el ebanista de origen canario Pedro Santana. Fueron empleadas según sus texturas, grados de dureza y color, y en ocasiones combinadas con otros materiales como el metal, el mármol y la fórmica.

A nivel estético también hubo oportunidades en las que los muebles de Arroyo evocaron el ritmo visual de la abstracción geométrica, como en el caso de la mesa que concibió para la familia Mendoza con el concepto “vacío-lleno”.

Aportes posteriores

Desde los años sesenta Arroyo se fue alejando de la práctica del diseño, sin embargo el gusto por el mismo permaneció, lo cual lo llevó en los años ochenta a fundar junto a Alvaro Sotillo y Gerd Leufert el Grupo Editor Alter Ego, con el que publicó obras de altísima calidad visual, entre ellas el ya clásico y galardonado Retromundo.

A mediados de los noventa participó en el equipo de asesores del Centro de Arte La Estancia, primera institución nacional concebida con el fin de promover el diseño y la fotografía, según su recomendación. Así se hizo exitosamente hasta que el gobierno aún vigente con la miopía y trogloditismo que lo caracterizan, truncara dicha visión.

Don Miguel se mantuvo activo como asesor de diferentes proyectos culturales y como investigador hasta su fallecimiento en el año 2004.

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