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Entrevista a la pionera del diseño de información Karmele Leizaola

Este testimonio fue recabado en 2008. Es una historia de vida tan interesante, que se publicó respetando las palabras de Leizaola, quien falleció el 5 de febrero.

Por Elina Pérez Urbaneja

“En un homenaje que me hicieron en el 2008, mostraron un audiovisual en el que la primera imagen era una página hecha por mí en la época que salía Rómulo Gallegos de la presidencia. Vi la llegada de la Junta Militar y el inicio del gobierno de Marco Pérez Jiménez. En ese momento yo ya estaba metida en esto. Todo eso me tocaba a mí plasmarlo casi en un formato estándar, un formato grande para una revista. Yo hacía diseño, pero eso no podía llamarse diseño. Mi papá me dio las primeras instrucciones para que eso funcionara”, relata Karmele Leizaola, remontándose a finales de la década de los cuarenta en Venezuela.

Mi papá era el gerente de la Tipografía Vargas, primera imprenta en trabajar en huecograbado en este país y producir la revista Elite. Luego el Offset lo desplazó. La revista Elite la compró más tarde la Cadena Capriles. Cuando compraron la revista me trasladaron a mí también, pero estuve poco tiempo. Por casualidad, digo, me hicieron el homenaje en la Cadena que ahora dirige el hijo.

Lo que quería decirte es que la primera imagen que estaba plasmada era esa página de Elite ya con la Cadena Capriles. Después colocaron otros trabajos que he hecho en varios sitios.

Trabajé con Simón Alberto Consalvi con el regreso de los adecos al poder. Simón Alberto es un periodista nato, un hombre que ama el periodismo. Con él he trabajado mucho siempre, he hecho trabajos que me han gustado porque él también tiene el sentido de la cultura. El hizo los primeros números de la revista cultural…

Este ejemplar diagramado por John Lange, mantiene el logotipo creado por Leizaola.

¿Imagen?
Sí, los primeros números y el logo que tenía lo hice yo. Pasó una cosa muy curiosa con ese logo, cuando salió Consalvi, la revista pasó a otras manos, pero siempre gubernamentales, otras gentes, y le cambiaron el logo, no el nombre. Y en años muy recientes Luis Alberto Crespo, que llegó a ser director de Imagen, repuso mi logo. El es muy amigo mío, yo le llamo el divino loco. El es loco, pero es divino. Los primeros números se imprimieron en huecograbado.

Te estoy hablando de la vuelta de los adecos al poder. Simón Alberto fue ministro de Betancourt, director del Inciba. Se trabajaba en plomo y todo eso requería un cálculo previo muy grande para lograr las cosas que uno quería conseguir. Hoy día hay muchas facilidades. Para mí fue experiencia muy hermosa, también a nivel de contenido. Recuerdo cuando se celebró la primera edición del Premio de Novela Rómulo Gallegos, que lo ganó Vargas Llosa. Era un trabajo con el que realmente me sentía a gusto. Fíjate, no hubiera sido una buena diagramadora de deporte, porque no me llama la atención, pero cuando veo que otros lo hacen y lo hacen muy bien, pienso: esto no lo hubiera hecho yo, pero lo cierto es que he trabajado con gente brillante.

Con Consalvi trabajé en una revista que se produjo en la Cancilleria cuando el trabajó allá. Eran cosas que hacía por amistad, además de otros trabajos, porque siempre estuve atada a trabajos. También pasé por el Bloque De Armas.

En De Armas me tocó trabajar con Sofía Imber. Ella tiene fama de difícil, pero yo me las arreglé muy bien con ella. Trabajar en De Armas no era muy agradable, era como trabajar en una cárcel y a mí esas cosas siempre me afectan, pero ella me dio una gran libertad. Yo le dije: Sofía, yo no quiero trabajar en este espacio, déjame trabajar donde se imprime la revista. Ella me mandaba todo, hasta el sueldo, con un motorizado, en un sitio libre, en la imprenta, fue sumamente comprensiva.

Con Plinio (Apuleyo Mendoza) trabajé en Momento y en Elite. En Momento también estaba Gabriel García Márquez, ¡qué trío!

Plinio Apuleyo Mendoza era muy exigente, pero uno aprendía. Fue una de las personas en este trabajo que me abrió camino. Es importante saber con quién uno trabaja.

Leizaola dijo en una entrevista que su papá vio en ella el talento creativo.

¿Su familia viene a Venezuela exiliada a raíz de la Guerra Civil en España?
Llegó primero mi papá. El era impresor y manejó la primera máquina de huecograbado que trajeron de Estados Unidos. El primer trabajo que agarró aquí como un pobre inmigrante fue con su cámara Leika, en un periódico. Le pidieron tomar unas fotos de boxeo, él siempre había tomado fotos y sabía manejar su máquina.

De ese periódico lo botaron porque era comunista, según la embajada española que le hacía seguimiento a los exiliados acá. Entonces lo aceptó Juan de Guruceaga y entonces mi padre siempre trabajó con él, no cambió más de trabajo. Don Juan era una persona muy abierta de ideas y estuvo muy ligado a toda la gente que después estuvo presa durante la dictadura de Pérez Jiménez, tuvieron que estar muy calladitos.

¿En los años 40 llegó su padre?
Mi padre en el 40 y nosotros en el 45. Todos los hijos en el 45 porque estuvimos 5 años separados por la Guerra Mundial. Nosotros estábamos en Francia, en la parte ocupada por los alemanes.

Recibió el Premio Municipal de Periodismo en 1982 y la Orden Francisco de Miranda en 3era clase en 1984.

¿Y usted recuerda la guerra?
La guerra civil me agarró con 6 o 7 años, edad suficiente para saber y recordar. Después vivimos en la Francia ocupada por los alemanes. Mi mamá, la pobre, que antes tenía su marido con ella, debía esperar las cartas que entraban por un país neutral, que era España, y de ahí con contrabandistas que le pasaban las cartas.

Soy vasca y vivíamos del lado francés. Dentro de todo era un exilio bueno porque éramos hermanos de la gente de ese lado de la frontera, del lado de los Pirineos, y teníamos a los alemanes incluso en la casa.

Carmen Riera, organizó un homenaje a Leizaola en el Seminario Diseño de Información de 2008.

En un perfil suyo indica que su primer trabajo en Venezuela fue como traductora…
No, eso me suena extraño, pero sí puedo decir que mi educación básica fue en francés, hasta mis primeros años de bachiller y luego los estudios completamente rotos entre España, Francia y aquí. Cuando llegué tenía cumplidos 16 años.

No me metí nunca en la parte de redacción para ningún efecto.

Por favor, relátenos cómo fue su llegada a Venezuela
Eramos 8 hermanos. Soy la tercera hija. Acá tengo hermanos que han hecho desde el kinder, los menores.
Con la guerra no había nada oficial para atestiguar nuestros estudios. Yo acá no pude seguir estudiando. Sin embargo teníamos una formación buena.

Mi papá era muy peculiar, porque él se enamoró de Venezuela. Recuerdo cuando éramos chiquitos y mamá nos leía las cartas que él nos mandaba, después de pasar por manos y manos. Recuerdo que al mismo tiempo era poeta y a pesar de todo lo que le estaba pasando, nos contaba cómo era la Caracas de entonces que después encontramos nosotros.

El nos contaba lo que le llamaba la atención. Por ejemplo, la Tipografía Vargas quedaba de Pajaritos a La Palma y a nosotros eso nos parecía el “súmmum” de bonito. Vinimos a Venezuela sabiendo que veníamos a un país buenísimo: el que nos había transmitido nuestro padre a través de sus cartas.

Cuando llegué, iba a la imprenta de la mano de él, pasando por la plaza Bolívar y llegaba a Pajaritos, luego se trasladó a otro lugar.

Yo he conocido la Caracas colonial total. Luego, a muchos compañeros, hombres, les he dicho: yo soy más caraqueña que ustedes, porque ustedes no conocieron la Caracas que yo conocí. Esos son los recuerdos buenos que uno tiene.

A mi me da lástima las casas señoriales preciosas que se han botado en el Centro de Caracas. Y el hotel de inmigrantes adonde llegamos era una casa de Ibarras a Maturín que colindaba con una de las pocas casas coloniales que han quedado, de Veroes a Jesuitas, que es de la familia Mendoza. Nosotros veíamos dos chaguaramos enormes que todavía conservan.

En 1990, cuando trabajaba para El Nacional, recibió el Premio Nacional de Periodismo de manos de CAP-II.

¿Enseguida que llegó empezó a trabajar?

Nuestros padres consideraban que nosotros éramos muy jóvenes para trabajar, entonces nos inscribieron en el externado del San José de Tarbes dos años, por estudiar algo, una de esas carreras generales. Nos daban artes, historia. Las tres hermanas en la misma clase. Más que nada imagino que nos llevaron allí por el francés, porque la directora era francesa.

¿Dónde y cuándo se inició en el diseño? ¿En la Tipografía Vargas?
Yo tenía cierta facilidad para el dibujo, siempre la tuve y supongo que papá pensó que era la adecuada para trabajar donde él trabajaba, en el campo de hacer revistas, especialmente Elite. Entonces, me llevó allá. Pasé de intérprete con un suizo que dibujaba, no se hacían fotos a color en aquel entonces, ni hablar. Se trabajaba con verde y naranja para darle una sensación de color a la portada de la revista.

El suizo hablaba francés y el jefe de taller era el maestro Toro, un venezolano que no le entendía nada. Entonces papá me llevó para que fuera intérprete entre el suizo y el maestro. Entonces me daba cuenta qué hacía él, al dibujar las portadas.

¿Recuerda el nombre del suizo?
No en absoluto.

La primera etapa del suplemento dominical Feriado fue una referencia gráfica y periodística.

¿Y cómo fue su inicio en el trabajo?
Después del suizo vino un italiano, pero el italiano se fue, y entonces mi papá me dijo: ahora lo vas a hacer tú. Eso fue antes de la caída de Gallegos.

Me tocó la pauta de la caída de Rómulo Gallegos. Ya en ese entonces trabajaba con Plinio. Mi padre me dio las primeras instrucciones de cómo actuar. Debía trazar una diagonal detrás de la foto para calcular las columnas.
La revista era semanal y el método del huecograbado era el más rápido.

El texto era en plomo. El cálculo del texto en plomo era inamovible y había que ser muy certero. El diseño era muy poco dúctil en aquel momento.

Uno tenía relación con los linotipistas, con los cajistas, con todos, para conseguir algo. Una gran relación con el taller para tratar de conseguir algo. Esa fue mi enseñanza.

¿Después de Elite dónde trabajó?
Al salir de Elite todavía estaba Pérez Jiménez. Acababa de entrar a Momento cuando cayó Pérez Jiménez.
Momento era una revista nueva. Habían salido pocos números cuando yo entré, le sucedí a Carlos Cruz-Diez, porque en aquel momento los directores de revistas llamaban a los diagramadores conocidos. Cruz-Diez venía del mundo de la publicidad, luego se dedicó al arte. Yo tuve siempre un sentido más periodístico que fui agarrando con las personas con las que me había tocado trabajar. Además pude estar en la pomada de la cultura y la política porque la revista tenía que plasmar eso.

Bueno, ahí volví a trabajar con Plinio, con quien aprendí mucho y con Gabo, bueno, con él no aprendí mucho. El era encantador, muy simpático, pero era muy sui generis. Para cuando salió Cien años de soledad, yo muchos de esos cuentos ya los sabía porque se los había oído. El hablaba, tenía eso en la cabeza, se me ponía así en la mesa de dibujo (pone la cabeza apoyada sobre los brazos), y me echaba cuentos y más cuentos.

Recuerdo que me tocó estar con ellos en Momento a la caída de Pérez Jiménez. Los dueños de la revista eran los Ramírez Mc Gregor y la familia Rangel, pero ninguno de ellos estaba en ese momento y quienes tuvieron que sacar la revista como sea fueron Plinio y Gabo.

Luego de El Nacional, Leizaola pasó a diagramar el diario Economía Hoy.

¿Para ese momento estaba casada o soltera?
Yo me casé tarde para ese momento…a Dios gracias soy mala para las fechas.

¿Y eso qué significa?
Tarde fue a los 29 años, la gente en aquel momento se casaba más temprano.

¿Cuándo salió de Momento?
Estuve en varias cosas hasta que llegué a El Nacional. Quien me llamó fue Simón Alberto Consalvi que hacía una especie de dominical. El jefe de redacción era Moradell, un catalán que fue jefe de redacción durante muchos años.

Ellos me pidieron que entrara a la Secretaría de Redacción del diario. Hasta ese momento en Venezuela nunca había estado en una secretaría de redacción una mujer.

Bueno, la gente no estaba acostumbrada a tener a una mujer en ese puesto, y además yo venía del mundo de las revistas, cuya diagramación tiene otro sistema. Por cierto, comenzando metí la pata y Moradell me echó un regaño porque actué como en una revista, pero ellos querían darle un vuelco al diario. Se trabajaba de una forma terriblemente mecánica, pero no con sentido crítico desde el punto de vista tipográfico. Había en todas las páginas una gran mezcla de tipos y yo ya había trabajado en las revistas el sentido tipográfico y el cómo titular, pero que también es trabajo del periodista, pero después tú tienes que interpretar y darle a la página una facilidad de lectura, que no esté borracha la página y un sentido y una personalidad.

Me costó entrar en el sistema en cuanto a que mi jefe era muy cuadrado, y todos a veces me decían: eso no se puede hacer, y venía y bueno, yo lo hago. Y Moradell tenía la idea de que el periódico había que modernizarlo porque veían periódicos del extranjero.

Las hojas color salmón y el diseño convirtieron a Economía Hoy en un referente gráfico en los 90.

Aprendió mucho observando…
Como le digo a los que han aprendido conmigo: se aprende mirando. Si algo te gusta, tienes que analizar por qué te gusta. No te gusta porque sí, si estás en el medio, tienes que darte cuenta porque se actúa de una manera u otra.

Entrábamos a trabajar a las 6 de la tarde y salíamos a las 12-1 de la noche. Teníamos que ver cómo se montaban los clisés y plomos. Cada quien debía supervisar el montaje de su página.

Había páginas emblemáticas en el periódico. Una era la C-1 (cultura). Ellos se habían dado cuenta de que tenía un sentido de algo. Un día me permitieron hacer la C-1 y entonces me puse a hacerla y tenía a Moradell detrás viendo, era una página completa a 8 columnas, y coloqué el título de cabecero en 60 puntos, eso era un exabrupto, porque si tenías 8 columnas tenías que ir de 80 a 90 pa’rriba.

Entonces él me dijo: ¿eso no es poco? Y le digo: mire, no es poco, porque le voy a dejar un blanco muy grande, y se va a leer muy bien.

Esa respuesta me quedó grabada, porque él me respetó, y como me dejó eso, me dejaron hacer otras cosas.

¿Qué consejos les da a los diseñadores de la información?
Siempre pienso que el diseñador tiene que pensar que su trabajo debe ser legible, en primer lugar. A la gente no se le puede poner trabas, la información debe entrar rápido por los ojos, debe evitarse que quede defraudado el lector. Calibrar mucho lo que uno hace para el lector, porque uno al lector lo educa.

Para mí es importante que vaya en consonancia la tipografía con el tema, esa es una regla de oro. El tema también tiene importancia para consideraciones de tamaño, pero sobre todo para la consonancia entre el fondo y la forma. Debe haber armonía.

¿Y qué cuenta de la primera etapa del suplemento Feriado, un hito en los dominicales del país?
Allí trabajó gente muy talentosa, muy buenos redactores, gente con muy buenas ideas. A nivel gráfico estuvieron Víctor Hugo Irazábal y Eneko Las Heras, mi hijo, en las ilustraciones. Este equipo generó la idea del collage visual. El director era Luis Alberto Crespo.

Éramos tan privilegiados que teníamos un espacio que decorábamos y nos poníamos de acuerdo para prepararnos las comidas. Nuestros almuerzos eran un evento. (En aquel momento, la entrevista quedó en este punto, con la idea de pautar una nueva sesión, que desafortunadamente, no se dió)

Karmele Leizaola nació en el País Vasco español el 11 de mayo de 1929 y luego de una larga vida y prolífica carrera en Venezuela, regresó a su país natal, donde falleció el 5 de febrero de 2021.

Publicada originalmente en el blog Diseño en Venezuela el 12 de septiembre de 2010.

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