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Emile Vestuti: De la arquitectura al diseño de muebles con maderas preciosas

En la mecedora de madera Easy Rocker, el arquitecto de origen estadounidense fundió la sotisficación del diseño con las formas de la artesanía popular larense

Emile Vestuti nació en New Haven, Connecticut, en 1927 y falleció en 1998 de un infarto a consecuencia del accidentado aterrizaje de una avioneta en el estado Bolívar.

Si bien Emile Vestuti se graduó de arquitecto en la Universidad de Yale y ejerció como tal, siempre manifestó una abierta inclinación hacia el diseño de muebles. Su primera experiencia en el área la obtuvo cuando se mudó por primera vez a Venezuela en 1949. En aquel momento fue contratado por la empresa Decodibo, donde durante un año trabajó en la creación de sillas, mesas, gabinetes y camas.

Posteriormente se dedicó a la arquitectura hasta que en 1960 se establece en Italia, donde se desempeña como director técnico de la reconocida firma Knoll, enfocándose en el diseño, supervisión de producción e instalación de mobiliario para espacios interiores.

Retornó en 1975 a Caracas para quedarse definitivamente. Trabajó como arquitecto y como docente en la Universidad Simón Bolívar, hasta que a finales de los años ochenta inició sus nexos con Casa Curuba.

Cuenta Dagmar Peña, quien lo acompañó en innumerables viajes de trabajo al taller en Quíbor, que el exterminio de su obra arquitectónica en nuestro país le produjo tal decepción que terminó refugiándose en la creación de muebles.

Por cierto, el Hotel Monserrat en Altamira, es el único edificio creado por Vestuti que aún queda en pie en Caracas.

El acercamiento a Casa Curuba

En diversas publicaciones dedicadas al diseño industrial venezolano se reconoce la mecedora “Easy Rocker” de Emile Vestuti, como un asiento paradigmático porque integró exitosamente el proceso del diseño a la artesanía tradicional larense. Este prodigio fue posible gracias al apoyo de Casa Curuba, constituida por Don Bell y Dennis Schmeichler para promover y comercializar lo mejor de la artesanía del país.

Por esta razón es imposible referirse a los muebles de Vestuti sin mencionar a Casa Curuba, que contaba con el taller de carpintería en Quíbor y una tienda en Caracas, que desafortunadamente fue clausurada en 2012.

La relación entre el arquitecto y diseñador de origen estadounidense con Curuba comenzó en 1989. Sobre este encuentro, Dennis Schmeichler relata: “Vestuti se acercó con su portafolio, en el que resaltaban bocetos de muebles con marcada influencia de Frank Lloyd Wright,  al que admiraba por su filosofía en el diseño”.

El primer encargo fue una “alpargatera” o exhibidor de alpargatas solicitada por Don Bell, quien tenía la idea de mostrar lo mejor de este tipo de calzado típico en la tienda. Para cumplir con ese objetivo Vestuti concibió una pieza elaborada en madera y cobre, que Bell y Schmeichler recuerdan como una “obra maestra”.

Trío Goldilocks.
Amor por las sillas

Discreto, sobrio y de exquisito gusto, Emile Vestuti convirtió la tradicional silla de paleta larense en un leitmotiv construido en maderas preciosas venezolanas.

En 1989 lanza la familia de sillas “Goldilocks”, conocidas como “Mamá, Papá y Bebé”, las cuales se inspiran en el tresillo larense. Ese mismo año crea el juego de sillón y banco de dos puestos “Sit”, y derivada de éstos surge la primera versión de la mecedora “Easy Rocker”, que destaca por la repetición de paletas que le otorgan ritmo visual, así como por la curvatura de la base que  permite un sutil movimiento pendular.

 

La mecedora posee varias versiones: la “Child Rocker”, para niños, que combina maderas de varios colores. La “Double Rocker” con dos puestos y la “Knock-down Easy Rocker” con respaldar y asientos recubiertos en cuero.

Más adelante creó “Bailarina” (1997) resalta por su aspecto clásico. Elaborada en cartán con detalles en quebracho, es considerada por Don Bell como “la silla más estable y mejor construida”. También creó mesas como “Margarita” (1991) caracterizada por el tope conformado por franjas de madera.

Silla Bailarina.
Vuelta al original

A raíz de su muerte, y más aún después de la desaparición de Casa Curuba, se siguieron construyendo copias de las piezas de Vestuti. 

En 2007 Enrique Fernández-Shaw, sobrino político de Vestuti que es arquitecto, se enfocó en la investigación sobre los aportes de su tío en la exposición “Sentados en una tradición”, que tuvo lugar en el Centro Cultural Chacao.

Una de sus motivaciones para abordar la curaduría fue que “me interesó la evolución de sus piezas en relación con el mobiliario tradicional. Su gran aporte fue la estrategia de trabajo con los artesanos, a quienes ayudaba en cuanto al proceso constructivo y con la lectura de planos”, asevera.

Durante un tiempo Fernández-Shaw identificó  en varias tiendas, versiones de esta célebre creación, pero con “alteraciones” en la  combinación de los colores de las maderas y en detalles como los bordes de los apoyabrazos.

Por su parte Dagmar Peña, enfatiza que Vestuti “era un gran formador. Era increíble la manera como se relacionaba con los líderes carpinteros como Edison Daza”.

Mesa Margarita.
Los aportes a la carpintería tradicional

“La parte complicada del trabajo es que era muy preciso y que nadie en la carpintería sabía cómo leer los planos, tomando en cuenta que la mano de obra provenía del mundo agrícola”, indica Dennis Schmeichler, quien también señalaba que: “para solucionar el problema, Emile cambió la forma de trabajar, trazando los planos a escala 1:1”, es decir, los llevó a tamaño natural, convirtiéndolos en una especie de patrones de costura, pero para fabricar muebles de madera.

La experimentación constante con el material, los cortes y el ensamblaje, los ajustes constantes, así como la exploración estética del “carnaval quiboreño” fue el principal legado de Emile Vestuti durante sus últimos diez años de vida.

La inspiración

Easy Rocker fue creada en 1989. Para esta pieza, Vestuti tomó como referencia la tradicional silla de paleta larense, pero también se acercó a la silueta de las sillas Adirondack, habituales en los espacios exteriores de los Estados Unidos y ampliamente difundidas en las islas caribeñas. El punto en común en estos tres diseños es la repetición de elementos que se disponen paralelamente en asiento y respaldar.

En cierta medida, Easy Rocker es considerada un “clásico” del diseño de mobiliario nacional, estatus que se le ha atribuido en nuestros museos, en tanto integró exitosamente el proceso proyectual en una forma típica de fabricación artesanal.

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