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28 de enero: Conoce algunos carteles memorables del cine venezolano

“El director es quien dicta la pauta para el cartel de su película”, dicen Manuel González Ruiz, diseñador gráfico, y Douglas Palumbo, de Queiroz Publicidad.

Manuel González Ruiz (Mago) es un diseñador gráfico que se ha especializado en branding para la cultura. Comenzó su carrera en Venezuela y trasladó su experiencia a Madrid, donde vive actualmente y se mantiene activo con Mago Atelier.

Pese al océano de separación, continúa diseñando carteles para el cine producido en Venezuela o para películas hechas por venezolanos en otros países. El vínculo y las relaciones han quedado y juegan a su favor, añadidos a la altísima calidad de su trabajo que ya habíamos reseñado, pero en su vertiente teatral, que puedes leer aquí:
Mago: “La vocación del diseño la descubrí a través del teatro”

El cartel de Pelo Malo (2013), diseñado por Mago fue de los más difundidos.

Consultamos a González Ruiz sobre su experiencia diseñando afiches para el cine, como una manera de celebrar el Día del cine venezolano, que conmemora la proyección en el Teatro Baralt de Maracaibo, de las primeras películas rodadas en el país en 1897: “Célebre especialista sacando muelas en el Gran Hotel Europa” y “Muchachas bañándose en la laguna de Maracaibo”. También conversamos con Douglas Palumbo, fundador de la agencia Queiroz Publicidad.

Palumbo es dueño de Queiroz y su óptica es la del mercadeo , pues contrata diseñadores para cubrir las necesidades de imagen de sus clientes en el área cultural, donde también ha acumulado vasta experiencia.

El indica que los carteles que han salido de Queiroz Publicidad han sido hechos por los diferentes diseñadores que han trabajado en su oficina, y cada uno le pone su sello.

Estos dos carteles son de los más recientes diseñados por Mago.
El cartel de cine es diferente al de teatro

¿Cuáles elementos del contenido de una película suele destacar gráficamente en un cartel? ¿Los requerimientos son similares a los de una obra de teatro?

Mago: Los elementos que pueden definir el cartel de una película, terminan siendo casi siempre algo que la misma película me inspire. Aparentemente es una tontería, pero para hacer el cartel, veo la película y saco de ahí algo que la defina. Por ejemplo, para “Pelo malo”, esa imagen se logra porque intenté poner al personaje dentro de un entorno que lo oprime. De alguna forma, la figura del niño rodeado por los bloques definía el tono de esta película en particular.

En “La distancia más larga”, hubo un momento en el que el niño está debajo de la cascada con una expresión de liberación tan fuerte, que me parecía que eso definía la película en sí. Y asi como eso, podría decirse que los elementos para un cartel de una película deben dar el tono y que la gente sepa qué se va a encontrar en esa película.

Normalmente mi interlocutor es el director o directora. Muy pocas veces me entiendo con los productores y no todas las mejores experiencias han sido con los productores. Cuando el director se involucra en la realización del afiche, el producto final es más cercano, hay una complicidad interesante. Cosa que también ocurre con los carteles de teatro. Con el director uno termina armando algo más coherente.

El proceso es diferente al del teatro, “porque uno suele hacer el cartel cuando no hay nada de la obra, por lo que el diseño para el teatro se hace más conceptual y alejada de imágenes concretas como fotografías. Son medios completamente distintos.

Queiroz: Cabimas (2012), Hasta que la muerte nos separe (2015)

Douglas Palumbo: Lo primero que hacemos es conversar largamente con el director de la película, porque en Venezuela el director tiene un poder, incluso por encima del productor, que no pasa en Hollywood. Los afiches dependen de lo que el director quiere en combinación con nosotros como agencia que le decimos lo que creemos.
Qué se destaca siempre, bueno, si la película tiene nombres conocidos, la cara de un actor o una actriz que si es conocido siempre va a ser mucho más llamativo, una frase ingeniosa y si hay escenas de efectos visuales, porque se quiere contar un poco la historia.

La visión del teatro y la del cine son distintas. Normalmente en Venezuela para las obras de teatro siempre manejamos los nombres y las figuras de los actores en primer plano, porque es lo que llama a la gente, excepto con honrosas excepciones de directores como Héctor Manrique o Javier Vidal. De resto, se destacan los actores para el teatro comercial, a menos que sea teatro experimental en el que se puede arriesgar un poco más.

El teatro es circunscrito a un sitio y lugar determinados, una película es masiva y se presenta prácticamente en todo el país.

Mago: Las noche de las dos lunas (2018), Muerte en Berruecos (2018)
Las diferencias con la industria estadounidense

Los carteles del cine venezolano no tienen la notoriedad de los de las industrias cinematográficas de Hollywood o Bollywood, lo cual tiene que ver con la distribución y el mercadeo. Como diseñador ¿Qué ha notado al respecto y qué recomendaría?

Mago: La producción fílmica en los Estados Unidos y en la India es inmensa, y como en toda industria, hay muchos estándares, entonces lo más común es ver afiches estandarizados, lo cual es entendible. La estructura de los afiches de superhéroes son siempre las mismas, tu vez las mismas composiciones en las películas de ciencia ficción, en las de aventuras, pero eso no quiere decir que no se hagan otro tipo de carteles. Hay uno en particular que siempre recuerdo, el de la “Belleza Americana”, la película de Sam Mendes que es el vientre de una chica con una rosa. Esa es una prueba que no todo entra en la misma maquinaria, como pasaba con uno de los grandes cartelistas, Saul Bass, cuyos carteles eran atípicos, muy conceptuales y basados en la ilustración, cosa que es muy válida en estos medios.

En Venezuela ocurre que normalmente hago dos carteles: el que a mi me gusta, que apuesta a la autoría y hago otro para complacer a los distribuidores. En el caso de Venezuela me ha pasado que ellos tienden a hacer carteles muy lugar común, nada osados y muy recargados visualmente con muchas fotos.

En este sentido me ha tocado, afortunadamente, salirme con la mía un par de veces, porque los afiches que terminan usándose y son más aceptados son los primeros y no los que la distribuidora insiste en publicar.

Queiroz: El hijo de mi marido (2013), Bolívar, el hombre de las dificultades (2013)

Douglas Palumbo: La referencia que siempre tomamos a la hora de diseñar un afiche para cine venezolano es Hollywood, porque están mejor impresos, sí, los americanos imprimen una inusitada cantidad de afiches para distribuir por el mundo y nosotros sólo hacemos los afiches para nuestro país. Ellos imprimen en tamaño 70×100 y nosotros en 66×96. Las cajas de luces son de 70×100 porque antes venían todos los afiches de Estados Unidos y las cajas fueron hechas para esas medidas sin pensar en la industria local. Entonces inventamos imprimir en papel backlight, pero los costos se fueron muy arriba, entonces estamos imprimiendo en banner, pero en la caja de luz no luce igual.

En Venezuela, a diferencia de Hollywood, hacemos un afiche, y en el mejor de los casos hacemos 20. También debemos entender que en nuestro caso las películas suelen ser de autor, con excepciones de gran corrid en las salas como “La hora cero”, “Papita, maní y tostón”. De resto, son películas más pequeñas, donde el director tomó una decisión y uno como agencia toma la rienda publicitaria, pero de su mano.

Mago: The kid who lies (2011), La distancia más larga (2014)
Cada cartel es un hijo

De los afiches que ha diseñado ¿Cuál es el que más disfrutó hacer y cuál le ha dado mayores satisfacciones?

Mago: Esta pregunta es como: a cuál hijo quieres más. Imposible de responder, porque los quiero a todos igual. Cada afiche tiene su historia, su proceso. A veces hay alguno más difícil que otro, pero a la final todo cartel lo disfruto y me apasiona. Verlo impreso y saber que representa a una película, y que convenza a alguien a entrar en la sala o que quiera tenerlo en la casa como un recuerdo, o verlo en un festival como el de San Sebastián donde “Pelo Malo” ganó, es realmente satisfactorio.

Sicario (1994) y Huelepega (1999) fueron carteles de pelìculas exitosas creados por Queiroz.

Douglas Palumbo: Cada uno tiene su momento, cada experiencia, fracaso o triunfo lo tomas como un hijo. Es muy difícil decirlo. Todo depende de un momento, el cine es bastante efímero, porque dura poco en cartelera.

Creo que hasta ahora todas nuestras películas han sido bastante exitosas, como “Sicario” o “Punto y raya”, que lanzó a Edgar Ramírez, “La pluma del arcángel” que fue divino de hacer, “Borrón y cuenta nueva”, con Mimí Lazo; “Maroa”, con esa niña actriz maravillosa que nos dió un estudio fotográfico divino. O hacer la ilustración para “Cabimas” es gratificante.

Los mejores carteles del cine venezolano

Manuel González seleccionó diez carteles, algunos por sus atributos gráficos y otros por la trascendencia de la película que promueven:

1. País portátil (1979)
2. La quema de Judas (1974)
3. Jericó (1990)
4. Cuando quiero llorar no lloro (1973)
5. Once upon a time in Venezuela (2020)
6. La familia (2017)
7. Desde allá (2015)
8. Oriana (1985)
9. La balandra Isabel llegó esta tarde (1951)
10. La oveja negra (1987).

Para Douglas Palumbo, el afiche más relevante es el de “El pez que fuma” (1977), que le parece llamativo por la figura del pez que bota espuma por la boca, en vez de tener la presencia de los actores. También menciona el de “Borrón y cuenta nueva” (2000), “La pluma del arcángel” (2002), “La hora cero” (2010), “Papita, maní y tostón” (2013).

Los mejores en consulta abierta

Realizamos una encuesta en Instagram, en la que preguntamos a nuestros seguidore sobre sus carteles del cine venezolano favoritas, y estos fueron los mencionados:

1. El pez que fuma (1977)
2. Azul, no tan rosa (2012)
3. Oriana (1985)
4. La distancia más larga (2014)
5. La casa del fin de los tiempos (2013)
6. Dirección opuesta (2020)
7. Piedra, papel o tijeras (2012)
8. Nena, saludáme al Diego (2013)
9. Cangrejo (1982)

Dos afiches para la misma película de Román Chalbaud. El de la izquierda, lo hizo John Lange.
Más info:

@publiqueiroz
@mago_atelier

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