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Testimonios de Argenis Madriz, primer diseñador industrial venezolano

Crítico y polémico. Fue llamado para asumir la dirección del naciente IDD, pero enseguida dimitió ante varias situaciones que le causaron incomodidades.

Por Elina Pérez Urbaneja

Argenis Madriz fue el primer venezolano en estudiar y graduarse en Diseño Industrial. En estos días de limpieza profunda en biblioteca y archivos, hallé la transcripción de una entrevista que le realicé en su apartamento de Parque Central, el 14 de agosto de 2003, como parte de la investigación para la Megaexposición I.

Como anécdota debo decir que Madriz, ya mayor cuando tuve la oportunidad de entrevistarlo, evadía mis preguntas sobre el Instituto de Diseño o sobre diseño industrial. Se iba por las ramas y caía en el tema de investigación que lo apasionaba en ese momento: el perfil pedagógico del pintor Antonio Edmundo Monsanto, quien fue su profesor en la Academia de Bellas Artes. Lo admiraba mucho.

La mejor faceta de Madriz fue la de docente.

Cada vez que yo intentaba encauzar la entrevista hacia el diseño industrial, contestaba lacónicamente hasta que se desviaba del tema. Llegó un momento en el que me respondió tajantemente: “Señorita, no puedo hablarle sobre diseño industrial porque Venezuela no es un país industrializado y esa es una condición para que exista el diseño industrial. No insista”. No obstante, a lo largo de la conversación pude extraer algunos testimonios valiosos para la historia del diseño venezolano.

Pese a ese breve momento “de tensión”, recuerdo que Madriz fue sumamente amable y me obsequió el libro Nueva Educación Artística, que escribió junto a Antonio Rodríguez. Esa publicación concebida para estudiantes de bachillerato, revela la vocación docente de Argenis Madriz y posee la peculiaridad de incluir conceptos de diseño gráfico e industrial que son ejemplificados con fotografías de prototipos que desarrolló en Filadelfia y con láminas de sus estudiantes del Instituto de Diseño Neumann y de los cursos de diseño en el Instituto Universitario Pedagógico de Caracas (IUPC).

A la muerte de Juan Vicente Gómez, Argenis Madriz viajó a Caracas para estudiar arte puro en la Escuela de Artes Plásticas y Artes Aplicadas, luego se graduó como profesor de Castellano y Literatura en el IUPC, donde posteriormente dio clases. Con una beca se fue a estudiar Diseño Industrial y Cerámica en el Philadelphia College of Art. Le otorgaron Distinción al Mérito de la Sociedad de Diseñadores de USA.

Fue convocado por Hans Neumann como director fundador del Instituto de Diseño Fundación Neumann-INCE. Obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1965. Murió en mayo del 2004.

Portada del libro coescrito por Madriz.
El contacto en Nueva York

“En 1963 aún estaba estudiando diseño industrial en Filadelfia cuando el señor Hans Neumann me citó en Nueva York. Entonces me dijo que había hablado con Miguel Arroyo, Benjamín Mendoza, el doctor Palacios (del INCE) y Guillermo Meneses, porque habían pensado en crear un instituto de diseño en Venezuela.

Sabían que me faltaba poco más de un año para graduarme y me propusieron que regresara a Venezuela a sentar las bases programáticas del instituto. Entonces me vine y conversé fundamentalmente con Miguel Arroyo.

Para ese momento en Venezuela no habían diseñadores industriales, sino arquitectos y artistas plásticos que diseñaban objetos pequeños”.

Prototipo de juego de cubiertos para niños forjado en cobre, presentado por Madriz
en el Philadelphia College of Art.
De Caracas a Filadelfia

“Yo vine a Caracas a estudiar artes en la época en la que estaba frente a la Academia Antonio Edmundo Monsanto. En aquel momento se establecieron salones anuales de arte y los premios de estímulo para los artistas nacionales, las becas para los cursantes de artes y se enviaron algunos jóvenes a estudiar en el exterior, principalmente en México.

Quería ser artista, pero después me di cuenta que un artista es un milagro que aparece cada 200 años. Sin embargo, estudié allí y me dio desahogo espiritual. Aproveché un curso de formación docente para artistas y me gradué de profesor de educación artística. Posteriormente en el Pedagógico de Caracas me gradué de profesor de castellano y literatura. Ya para ese momento era muy amigo de Miguel Arroyo.

Se presentó la oportunidad de enviar cinco estudiantes al exterior, de los cuales fui yo nada más.
Entonces, cuando estaba en el tercer año de la carrera fue la entrevista con Neumann. A raíz de ella terminé, regresé y terminé como director del Instituto”.

Cáliz de plata y oro realizado hacia 1965.
Efímero director de la Neumann

“Mucha gente veía acá una relación estrecha entre arte y diseño, justo porque no habían profesionales diseño. Me tocó asumir esa función. Vine a dirigir un instituto técnico en un país sin industria y sin profesionales preparados para dictar clases en él. Estaba consciente que la Neumann no tenía relación con la organización de una escuela de artes plásticas, ni con un taller de arte libre. Mi idea era organizar este instituto como una fábrica si se querían formar profesionales que diesen a la industria su cooperación.

Para lograr ese propósito se necesitaba que el Director gozara de créditos ante los profesores y alumnos por su preparación y especialización en esta rama, pero que a su vez tuviese autoridad para remover el personal que considerase incompetente y escoger colaboradores que se sintiesen directamente responsables ante él. Con este criterio acudí a la instalación de la junta directiva del Instituto, en donde se llegó a una serie de decisiones sobre el proyecto de reglamento que había redactado.

Cuando el secretario me envió copia del acta de la reunión de la junta, me sorprendió que no se le daba al director libre independencia en dos aspectos clave: remoción y contratación de profesores.

Otro problema fue que cuando llegué a Caracas (a mediados de 1964, ya que el IDD abrió sus puertas en julio de ese año) la secretaria, la bedel y todo el personal estaba nombrado y no me veían como director. Entonces un día, necesito enviar un oficio y la secretaria me dice que no, que debía consultar al señor Neumann. Y yo le digo que para qué, que hiciera el oficio, y listo. Con estos detalles quiero explicar cuál era mi situación allí”.

Con esta elegante cafetera en bronce con asa en madera fechada en 1964 ganó el Salón Oficial Anual de Arte Venezolano de 1965. Esta pieza fue exhibida en la Megaexposición I.
La renuncia

“Luego de la fallida aprobación del reglamento que puse a la consideración de la Junta Directiva, noté que yo quedaba como un sándwich entre la junta y el profesorado, formado principalmente por artistas que por no tener una efectiva ejercitación en el campo del diseño, asimilaban la carrera con las artes plásticas, y el perfil del diseñador con el del pintor.

Más aún, ignoraban que en el campo técnico la concepción de las obras muy pocas veces se debía a una audacia aislada o a una inspiración individual.

Esos eran los límites que veía yo recién llegado de los Estados Unidos, un país industrializado. Entonces llego a una escuela en la que encuentro un montón de muchachitas que creían que el diseño era cosa de pastillaje y manualidades.

Ante todas esas circunstancias que me causaban incomodidades, renuncié”.

La perspectiva de los estudiantes era diferente. Para Teresa Casanova y José Antonio Quintero, quienes formaron parte del primer grupo que estudió en el IDD, “El venía de los Estados Unidos y no supo entender el medio en un primer momento, tuvo varios problemas con la directica, pero sin embargo, se quedó como profesor de Técnicas de los materiales”.

Diseño de secador de cabello. Prototipo industrial, Philadelphia College of Art.
Y después…

Sin embargo Argenis Madriz sentía orgullo de haber dictado clases a estudiantes brillantes como Alvaro Sotillo, Carlos Rodríguez, Pedro Mancilla y Margarita Calvani, todos ellos destacados diseñadores gráficos en nuestro país.
Depués de su experiencia en el Instituto de Diseño, se dedicó completamente a la educación artística. Sin duda alguna, el mayor aporte de Argenis Madriz para Venezuela se concentró en el área pedagógica. Fue ante todo un maestro dedicado a formar profesionales para el sector creativo.

El IDD cerró la mención diseño industrial en 1973 y en 1976 Madriz, junto a ocho profesores más, renunciaron irrevocablemente a la institución.

Publicado originalmente el 7 de enero de 2012 en el blog Diseño en Venezuela

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